Jugando al mecánico

Ha decir verdad, cuando era todavía más niño, no era muy fanático de jugar con carritos. Si me gustaba, como a todo niño, pero no era lo que más me atraía en aquellos entonces, lo que se me llamaba la atención era la electrónica.

Los carritos de juguete, vienen en una sola pieza, y no hay mucho que desarmar. Mientras que grabadoras, carritos de control remoto, y todo lo que funcionara con baterías tenía montones de piezas que podía desarmar y después volver a armar juntas, o por lo menos intentar.

Resulta que ahora tengo un carrito, pero no de juguete, sino uno de verdad, y este sí tiene un montón de piezas que se pueden desarmar e intentar volver a poner juntas.

Mi «carro de verdad» tuvo que hacer una visita urgente al mecánico: todo el aceite de la caja de cambios amaneció en el suelo. Tula, mi nuevo mecánico, aprovecho la visita para pegarle una buena limpiada al motor, tanto por dentro como por fuera, pero al quitar el cabezote, encontró algún tipo de sedimento, por lo que decidió que era mejor desarmarlo del todo para limpiarlo bien.

Y aquí es donde entro yo! Me puse a ayudarle a Tula a desarmar el motor! Muchos chavalos se la tiran de mecánicos para impresionar a las mujeres o a los amigos, y ni siquiera saben como funciona un motor. Yo me puse a aprender la teoría leyendo, pero cualquiera sabe que la teoría no sirve de mucho a menos que se tenga la práctica. El haber ayudado a desarmar mi motor no me califica como mecánico, pero por lo menos ya se como se ve mi motor por dentro y puedo rajar de que me ensucié las manos desarmándolo.

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